Un garaje ya no es solo un sitio donde aparcar: cada vez más propietarios lo cuidan como una estancia más de la casa. En este garaje particular, el objetivo era un suelo a la altura del espacio: resistente al coche y a las rozaduras, fácil de limpiar y con un acabado que impresionara.
Sobre la solera de hormigón se realizó un pulido completo con herramienta diamantada, pasando por varios granos hasta cerrar el poro, y un abrillantado final que lleva la superficie al efecto espejo.
El resultado se ve mejor de lo que se cuenta: la iluminación LED hexagonal del techo se refleja en el suelo como si fuera un cristal. Un pavimento continuo, sin juntas, que no suelta polvo y se limpia con una mopa.
